domingo, febrero 10, 2013

Rinus Van de Velde. CAC Málaga.


RINUS VAN DE VELDE. 
Obsesión por el arte contemporáneo.
Después de una temporada sin pasar por el museo malagueño de arte contemporáneo me animo para ir a ver la nueva -y primera en España- exposición de Rinus Van de Velde.
Llego a taquilla y me dan la entrada 817749. Como saben la entrada al CAC es gratuita, lo cual no es obstáculo para que las salas presenten una imagen semidesierta –hay más azafatas, en corrillo, que público-.
La muestra del belga, nacido en 1983, Rinus Van de Velde, comprende doce lienzos –autorretratos- al carboncillo y de gran formato, excepto el que abre la exposición. Según la hoja informativa del centro: "En la exposición que presenta el CAC Málaga se podrán ver dibujos en blanco y negro inéditos realizados con carboncillo sobre lienzo, que a su vez están basados en fotografías captadas con anterioridad"

Nº 1. Autorretrato como minero. Carboncillo sobre lienzo, 50cmx70cm. En él el autor pretende evocar la rutina cotidiana del artista, nos confiesa que no le gusta lavarse con champú porque prefiere el brillo natural de la grasa, que cuando se ducha un chorro de tinta negra se le desprende de los cabellos, que lleva una gorra en lugar de casco con lámpara como los mineros para protegerse la cabeza. Con la mirada extraviada después de un día de trabajo, el autor se justifica diciendo que "mirar a la oscuridad en estado catatónico es parte de su trabajo", y se considera un minero de la psique, ya que se abre camino “a través de una masa de carboncillo, arriesgando mi ego para convertirme en una impronta de mi trabajo en un dibujo de mis dibujos”.
Nº2. Autor como Sir Isaac Newton joven. Aquí se ve al autor con el torso desnudo instilándose unas gotas de un colirio, “representado como un héroe excéntrico que lleva a cabo experimentos consigo mismo para obtener un avance en el campo de la óptica”. En el bote ha puesto pintura de distintos colores para descubrir qué tipo de alteración visual le provocarán, en lo que él denomina como cierto tipo de action painting, desarrollando una especie de “óptica del yo”. Se elude mencionar las consecuencias del experimento.
Nº3. Autorretrato como héroe del tenis.
El artista explica el porqué de su renuncia a la posibilidad de haberse convertido en un tenista de élite. Según él, aptitudes nunca le habían faltado, y termina realizando una reflexión estremecedora, casi filosófica: “porque estaba demasiado ocupado imaginando lo que podría ser para realmente convertirme en alguien más que en un hombre que ha transformado sus fantasías en lo que él mismo es real y profesionalmente.” En el lienzo, de una galería de Gante, el artista conocido como Rinus Van de Velde realiza una gran estirada en plancha, raqueta en mano, para llegar a la bola -que no vemos-, sobrevolando el colchón de su cama, deshecha, y asegurándose una caída sobre suelo confortable.
Nº4. Autorretrato en el que pongo orden en mi colección de calzado.
El artista reconoce hacer colecciones de diversas cosas, normalmente cosas no demasiado útiles, “y cualquier objeto posible accesorio de mi mundo, listo para formar parte de una composición”. Se recrimina el comprar zapatos sin habérselos probado, lo que le origina un buen número de pares inservibles. Sin embargo, el autor afirma que "El hecho de que no me importe mucho la colección de zapatos no implica que no requiera organización". Es lienzo sobre carboncillo de 240 cm x 360 cm, y se encuentra en Amberes. En el lienzo se ve al artista sentado en un sofá y ordenando un montón de zapatos. Pasando el tiempo -¡ojo, ¿no estarás pensando en arte contemporáneo mientras ordenas tus zapatos?-.
Nº5. Autorretrato como hombre reacio.
El artista de medio cuerpo con expresión insatisfecha, o desaliñada, o disconforme, en una obra en la que pretende dar cuenta de su “sexualidad relacionada con un inversión de la libido en mi trabajo como artista”, y los problemas que esto le ocasiona con su novia. Mide 250 cm x 360 cm y está en una galería de Ámsterdam.
Nº6. Autorretrato como Ellsworth Kelly joven.
Se ve al artista en su taller, rodeado de enormes plantas con hojas enormes, con algún dibujo enorme a sus espaldas y él dibujando sobre una mesa. Pero antes de que el lector se lleve una falsa impresión de imagen velazqueña o similar advierte: “Lo que ves en este dibujo no soy yo dibujando el dibujo que tienes ante ti como puedes creer con tu meta mentalidad.” El artista nos ha desarmado en nuestra obsesión compulsiva por encontrarle una meta a nuestras ideas y percepciones. Nos ruborizamos en nuestro costumbrismo, y a continuación deshace el entuerto: "En realidad es el dibujo nº 516 de una serie infinita de estudios de plantas", que, fácil entrever, nunca tendrán fin. Y continúa haciéndose un lío seudo filosófico acerca de su complementariedad con el objeto de su estudio. Yo, sinceramente, creo que vio demasiadas veces El sol del membrillo, de Víctor Erice y Antonio López.
Nº7. Autorretrato como personaje de una de las muchas novelas clásicas que no he logrado terminar porque requería demasiado tiempo y energía.
En el lienzo, en Berlín, el autor está pelando plátanos, la puerta del refrigerador abierta, algunos plátanos asándose en una parrilla en el suelo, etc…, una fruta que odia incluso desde el sonido ridículo de su nombre. Los prepara para un grupo de soldados locos que viven en su bloque. Lo prepara de diversas maneras. El espectador, asustado por ese ejercicio paranoico, recobra el sentido de las cosas al leer la siguiente aclaración del artista: “Pero esto no es la vida real, y es una escena, sensacional, en la cual aparezco, desperdiciando plátanos, vengándome de su existencia absurda.”
Nº8. Retrato más o menos absurdo que reproduce una performance ficticia en la que gateo por el taller como un animal inquieto llevando a cuestas un demonio de Tasmania que forma parte de mi creciente colección de animales disecados.
En la obra se ve al artista gateando con un demonio de Tasmania disecado sobre su espalda. Parece que conversa con él sobre el arte contemporáneo, la verdadera obsesión del artista conocido como Rinus van de Velde: “Mientras acumulo polvo y carboncillo, describo el triste estado del arte contemporáneo a la criatura, en cierto modo ridícula, de la que no sé nada. “Sí, el arte contemporáneo, porque ¿acaso hay otro tema del que se pueda hablar?”. Claro que no Rinus, no hay otro tema, salvo el ya conocido de: ¿por qué demonios llevas un demonio de Tasmania sobre la espalda y hablas con él sobre arte contemporáneo como si estuviera vivo cuando todos sabemos que en realidad está disecado?
Nº9. Autorretrato como un ser humano de estilo casi clásicamente barroco, en el que aparezco rodeado de partes de animales –cabezas y colas- y de animales disecados.
El artista, obviamente harto de vino, está recostado entre pieles de fieras salvajes que me hacen recordar el cuadro de Goncharova del Ludwig Museum de Colonia.
Nº 10. Autorretrato de un hombre que no tiene tiempo que perder en otra cosa que no sea su obsesión por el arte contemporáneo.
El autor está sentado en la taza del váter de su estrecho baño. Las paredes del mismo están repletas de imágenes. Eso parece un santuario de ideas y de la historia del arte contemporáneo. El autor confiesa leer allí “las revistas de arte de su archivo para aprovechar la profunda concentración de ese momento solitario.” Un momento perfecto para memorizar los nombres de artistas, museos y galerías, y para... padecer hemorroides como te demores en exceso.
Nº11. Autorretrato como aficionado a los deportes que mira la final de Wimbledon grita un ensordecedor “¡no!” ante la televisión porque su jugador favorito está perdiendo el partido.
Es un dibujo al carboncillo sobre lienzo de 250 cm x 370 cm que está en Ámsterdam. La gran incógnita es evidente: ¿quién es su jugador favorito, Nadal o Federer? Luego el artista reconoce la posesión de unos poderes mágicos según los cuales puede variar el curso de un acontecimiento deportivo según su antojo. Para confirmar esta particularidad de su ser desecha aquellos partidos en los que pierden sus equipos preferidos y se queda con los que han ganado. ¡Pero si es verdad! ¿Acaso a veces no nos sorprendemos estirando la pierna en el momento en que un jugador va a chutar, o gritando a viva voz que la pase, que la pase, ¡por dios!? Al final todos vamos a tener esos poderes, ya verás.
Nº12. El escultor enfadado, autorretrato en el que visito mi taller anterior y debo enfrentarme a los vestigios de mi vida pasada como escultor.
En este enorme lienzo –como los 10 anteriores- el artista conocido como Rinus Van de Velde aparece en su antiguo taller rodeado de esculturas de mármol o yeso, con cara de pocos amigos. El autor reflexiona sobre si alguna vez retomará esta actividad, incluso, reflexiona sobre la nada desdeñable posibilidad de que la obra escultórica que hiciera años atrás no esté tan mal después de todo.

Salgo del CAC. Van de Velde medita –y nos hace meditar- continuamente sobre el arte contemporáneo pero hay que reconocer que su arte bebe más bien de fuentes clásicas. Dibujo realista, carboncillo, autorretratos, mirada egocéntrica… Los textos del artista a pie de cada lienzo son magistrales, ¡me gustaron más que los dibujos! Por otro lado, los dibujos son portentosos, de una intensidad increíble. El gran poder mágico de Van de Velde no es el de amañar partidos -como él piensa- sino el de crear una ilusión óptica extraordinaria a partir de unos recursos aparentemente sencillos y que viran al alejarnos de la escena, cobrando la imagen una vida sobrecogedora. Posiblemente sea Van de Velde uno de los mayores pensadores creativos de la actualidad -junto a, se me ocurre por ejemplo, Daniel Richter, podría liderar una avanzadilla profigurativa-, y esta exposición quizás sea una de las pocas muestras actuales que nos hagan concebir algunas esperanzas sobre el arte del futuro, y pienso, quizás, un flamenco ha recogido por fin el relevo de los Van Eyck, Van der Weyden y demás, pienso, en mi ingenuidad -llevado por la euforia del momento-, de que quizás el arte no termine agonizando en las manos de unos cuantos que dirigen el mercado y entre multitud de performances grotescas -por cierto, en la última exposición del MPM olvidaron mencionar y exponer el carácter grotesco de alguna performances e instalaciones.
Luego me digo, bien, Van de Velde es un artista joven, se le ve con ganas de trabajar pero al fin y al cabo, ¿qué ha hecho por el arte moderno? ¿adónde le han conducido todas sus meditaciones sobre arte contemporáneo con su demonio de Tasmania disecado y todas sus lecturas en el WC de casa? Independientemente de su técnica avasalladora y su trazo impetuoso, en Van de Velde vemos a un artista preocupado por abrir nuevos horizontes. Que lo consiga es otra cuestión. En su ánimo parece estar el de interaccionar con el espectador no sólo a través de su obra plástica sino también gracias a sus excelentes textos de presentación de dicha obra. Unos textos en los que se burla del artista mismo, de las performance (¡mira por dónde!), de la obra de arte total, de la interpretación crítica en el mundo del arte, de la desmitificación del mundo del artista, etc..., y todo esto lo hace, al parecer, con unos simples carboncillos y unos lienzos blancos enormes -amén de alguna que otra ayuda fotográfica, pero bueno, ¿quién está libre de culpa, Vermeer, Caravaggio...? David Hockney con su El conocimiento secreto ya nos avisó-. Todas estas circunstancias supongo no le harán mucha gracia a los expertos que verán así reducido su campo de disertación -vamos a ver, señor Van de Velde, si usted explcia sus dibujos, ¿qué hacemos nosotros los críticos de arte? parecen decir-. Aunque, por otro lado, esto mismo les dará tema sobre el que escribir.
Aquí la presentación de la exposición en la web del CAC: Rinusvandevelde
También se puede descargar de ahí la hoja explicativa de sala: Hoja de sala
En la web del artista se pueden leer en inglés todos los textos que acompañan a la obra del CAC: web de Rinus Van de Velde

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